|
EL NAVEGANTE DE LA DICHA (Selección) |
||||
|
Encontré a Alejandro Puga en Buenos Aires, en Octubre
de 1992, en ocasión de las manifestaciones organizadas sobre el tema SURREALISMO
– NUEVO MUNDO. Ignoraba todo de él que sabía todo de mí. Pronto recuperé
el tiempo perdido. Me bastó leer algunos de sus poemas, ver sus collages
y acuarelas para desear enseguida conocer mejor a este raro artista. La
amistad, nacida de una correspondencia regular hizo el resto. “EL NAVEGANTE DE LA DICHA” (escrito
en Septiembre de 1992) es un texto que Alejandro Puga quiere particularmente.
Y, como por azar, uno de aquellos que yo prefiero. Es un verdadero art poétique, donde las voces
del amor y de la poesía se responden, nacen una de la otra, ofreciéndose
arias de imágenes deslumbrantes que subrayan un recitativo altamente lírico. “EL NAVEGANTE DE LA DICHA”, a la manera del barco ebrio
de Rimbaud nos permite acceder a los paisajes maravillosos de los parajes
automáticos. Alejandro Puga, para otros nuevos mundos, sin cesar,
aparece. Claude Courtot París –
Julio de 1997 Bosquejo de una cabalgata, el paisaje demarcado por espesas nubes rojizas, rozando un estrecho bosque de abetos, cabe en una cajita de maquillaje. Así es la inspiración al introducirse, lengua arqueada, en el liviano mecanismo de la espera. Los hálitos del amor se acumulan impacientes, bajo las cumbres que irradian el calor necesario para que las bocas femeninas más bellas se abandonen a la estocada del glande; los hálitos del amor dispuestos a destrozar las medias de seda, prolija demarcación, entre los picos nevados – alturas donde sólo la dama amada llega -, donde el pensamiento ajeno es una serpiente olvidada en el fondo de una vasija milenaria. ...Y a pesar del rodeo de las muchachas vírgenes aún, brota el triple carácter de la máscara esquimal. Al agitarla suena como una alcancía casi vacía, rumor sublime de cigarra, bajo el translúcido mantón del alba polar. ...En una cajita de maquillaje la suave lluvia de final de estío diluye los trazos de tiza roja que intentaban reproducir una caravana de buscadores de oro, signo interrogativo sin dirección, devastando la bella frondosidad amazónica; la suave lluvia de final de estío derramándose como lava en un reloj despertador, sacudido por su alarma incontenible, chorro de letras impalpables que mi ventana ilumina, cuando apago la lámpara.
...De amor despertado ...El matorral donde soñó mi dama ...Al tornarse capullo de nelumbio ...En sus manos el cielo plumaje que olvidó el vuelo ...Es uno de los cuatro botones que es preciso desprender ...Para que ese cielo salga de la cama ...Deje admirar una nube retrasada un vuelo oscuro ...En busca de un vértice de infinito ...O de altanería. .............................................................................................. ...En la taza de té humeante, cuyo borde superior es un palpitante tejado de pizarra bañado por el astro que tus ojos reflejan al parpadear, es donde un desierto cualquiera interviene para repartir las barajas. Algunas huelen a canela, a romero, a rocío, otras tienen puntas ajadas por picos de ave del paraíso o han sido sumergidas para que destiñan, una noche de luna llena, en una charca a punto de invadirse de estrellas. ...Mientras la mirada hace nudos con las distancias aparece en el constelado diván un muslo. La sombra de la propietaria recoge con ambas manos, en el nacimiento del pie, la media, que al pasar por el tobillo se deshace. La sombra lo ha querido, el invierno riguroso será. ...Del reino mineral a la extensión en pradera ondulada, donde los cipreses curvan sus talles en dirección contraria al viento para celebrar el sol inicial de un instrumento de cuerda emplazado como una señora madura que se oliera una muñeca muy besada, olas. ...Sobre un puente levadizo tragado por una ola de margaritas, el muslo reaparece. Comienza a reflejarse fragmentado, es una palabra silabeada lentamente, en el encordado del infinito, un arpegio de carne tensada por una luna insistente, un palpitar de mar cercano, una reverencia insolente encantadora de los cuatro elementos, cuatro botones que se me antojan desprovistos de fundamento. ---El alba llega desdoblando la tabla acústica de la falda salada. Olas. ...Una locomotora descarrilada invadida por enormes hongos. Un abrazo de damas estrelladas. Una exposición de fotografías eróticas en un bosque donde el sepia reina. Una joven ojerosa sentada en su sillón preferido le da la espalda a los fuegos artificiales – el paisaje se completa con un hipocampo que ella usa como chalina y con un negro cielo invernal – IRRESISTIBLE. ...................................................................................................
...La palabra silabeada en abanico de rayo plegado. Saberse recorrido por el hilo de la tradición menos conocida por los archivistas de la Historia, en zigzag. ...Con índices y pulgares hacer un corazón transparente. Entonces la noche se deja robar un farol, una carta de amor, tan mordida y besada que sólo quedará de ella al terminar de leerla un aroma de lápiz a punto de acabarse. La estampilla diluida - las ruinas del castillo de La Coste bajo la nieve – ¿ Dónde estaría el teatro de sesenta butacas que Donatien mandó construir, dónde su alcoba de colchón indeformable ? ...La palabra amor en abanico de rayo plegado se subyuga a sí misma, imitando la curva de la ola de la lengua al penetrar en zigzag entre las sedas tibias las costuras, la orilla espumosa de la enagua que ya no existe. Ocasión para beber el primer sorbo de té digo..................El navegante de la dicha es una chimenea humeante, en el trozo iluminado del telón. ...El pájaro antes de desaparecer de mi mirada quiso imitar la página donde escribo. Planeando la tinta se licúa en alas dispuestas a ayudarme. Causa de variedad en esas criaturas plumosas más sorprendentes si se las descubre de noche. Así es la inspiración. El horizonte pone orden. El azar merece ser sondeado en sentido contrario a las agujas del reloj. Hay que tantear la orilla de ajado terciopelo que algunos sabemos lo acompaña en su rodeo, también las tensiones en las que la gramática hace agua como un enorme buque el día de su estreno, tantear los repentinos cabeceos contra la hilaridad del periódico matinal, también muestra conciencia de la palabra del prójimo, de su felicidad en raras ocasiones con sublime velamen transparente ¡ Oh corazón ! ...El telón corre detrás de la sombra que lo conduce. ...De amor despertado se inventa el soñador una serie de paralelas que serán cruzadas por los placeres de su amada. Esas paralelas son espejos que permiten una prolongada contemplación sin empañarse, son luces que cubren la página blanca luego de haber llegado colgando de algún sonido, de alguna interrogación muy antigua, de algún llamado telefónico esperado, luces de noche reflejadas, reveladas en los pasos desconocidos, yendo quién sabe adónde – de ninguna parte a ninguna parte - ¡Tanto es el enigma que los rodea! ...El
mismo pájaro o tal vez otro, vuelve tras sus aleteos. Esta vez con otro
de su misma elegancia. Por un instante el claro cielo azul se recortó desdoblándose,
hundiendo el doble viraje en el éter, colmando a la velocidad de la aparición
de un perfecto equilibrio que mi mirada rompe, para ordenar algunas palabras,
las adecuadas, trozos de la imagen que antes debieron permanecer intactos
en lo Absoluto. El mismo pájaro o tal vez otro, volviendo tras sus aleteos,
buscando la diaria ración de inmensidad. En abanico de rayo plegado. ...En verdad ella abre sus fauces olvidándose de las consecuencias: el oxígeno surge bordeando las carnosas estalactitas blancas. Aquí y allá complicados brillos ahondan las cálidas redondeces de las mejillas vueltas esplendor. Luego aparece el espectro móvil, roja belleza que me roza cada día si la busco entre los colores desposeídos en la armonía, antes de conocernos. ...Ella deja caer una hoja
de papel manteca mientras sostiene con la mirada un diálogo sin pausa con
mis sueños. Desplegando una fina luminosidad o erigiendo una reliquia gestual
en el borde de un acantilado, abre sus fauces, le sonríe a una lejana estrella
que sale de su boca recién pintada, mostrándose como era hace millones de
años, desparramando su titilante desamparo, quitándose uno a uno sus prendedores
de luciérnagas, para concluir en un tormentoso cielo de cartón arañado,
por un paseante demorado, por su propia prisa arañado, bajo el ademán de
abrir el bellísimo laberinto de tela se esconde un recorrido de sangre enamorada,
temblorosa dada la enorme desenvoltura de vuelo. Se diría una negación
a cada paso, una soltada de pájaros claros en plena noche del corazón
humano – al paseante lo llamo con un nombre que no es el suyo, al menos
en los diccionarios se lo reduce – una rendición más de desamparo del Universo. |
||||
|
Volver al menú de ESCRITOS |
||||